Situación - Primera Saga - Primera parte

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Situación - Primera Saga - Primera parte

Mensaje por Lt. Julissa Bennet el Lun Nov 01, 2010 1:20 pm

Estamos en el año 2552, el día es 21 de Octubre. Durante el bombardeo a la tierra, tres naves humanas han huido con un paquete de información enorme, su destino es Onyx.

Hace cuanto tiempo tiene qué llevamos peleando

Dijo con cierto aire meláncolico la oficial y co-piloto de la nave Marathon de la flota humana de la UNSC, una mujer de veintesiete años de edad qué toda su vida había esperado comandar su propia nave espacial, cruzar el hiper espacio, y viajar por toda la enorme Galaxia descubriendo y visitando todos los mundos posibles, Sin embargo esto ya había terminado en una mala pesadilla. De sus cinco años cómo piloto de la UNSC, ya experimentada y elogiada por sus logros al controlar las naves, lo único qué había conseguido habían sido amarguras enormes, su familia había muerto hacía poco tras el ataque a Reach, y sólo quedaba ella de todos aquellos qué conocía y amaba, sentada en una sala de control, junto a unos seis hombres y cuatro mujeres más, y su general de flota, el cual nunca quitaba la vista del grueso cristal ceramico, siempre atento.

La nave Marathón iba cutodiada por por dos fragatas más, llevaban una carga importante. Las dos fragatas tienen un nombre extraño para la co-piloto qué teclea cómo loca frente a un monitor qué parpadea en distintos colores, ella es la encargada de dirigir el motor a fusión principal y regular las presiones nucleares de este mismo. Unos hombres con armadura y casco verde entraron por el umbral de la puerta, dejando entrar un poco del aire fresco y muy reciclado del pasillo principal, qué tanto hacía falta para liberar la tensión. Ella continuaba tecleando con velocidad, sin quitar la vista nunca de su monitor, el cual debía ser vigilado enteramente y manipulado en caso de tener qué saltar al hiperespacio. Por un momento se llevó la diestra a la cara, pasando esta por su rostro de forma vertical, de arriba para abajo, arrastrando su piel, estaba cansada ya, llevaba doce horas sentada y no había ido al baño, tenía hambre y sueño, y su relevo estaba enferma, por lo cual debía esperar a qué alguno de los técnicos del motor quedara libre para poder ella ir a dormir aunque fuese unas pocas horas.

Giró su cabeza de lado a lado, sentía cómo si hubiesen pasado tres horas, pero su monitor indicaba qué sólo habían pasado dos minutos, de nuevo se llevó la mano a la cara, y empezó a refunfuñar algo inentendible, su compañera de a lado qué era la que controlaba las valvulas digitales y dirigía los otros cuatro motores pequeños sólo le sonrió un poco, acomodandose los lentes, mirándola atentamente, sonriendo, las dos eran co-pilotos, y las dos no se caían muy bien del todo.

Fue entonces cuando nuestra querida y agobiada co-piloto estaba dispuesta a decirle algo cuando el general de la nave ordenó a todos poner mucha atención, y qué dejaran sus tareas a cargo de la inteligencia artificial mientras ella aún pudiera hacerse cargo.

El general era un hombre largo, de casi dos metros, con un rostro grueso, arrugado ya, gorro naval en la cabeza, de facciones fuertes, y cejas gruesas, con el gesto fruncido siempre, era claramente un hombre imponente, con su uniforme blanco, y su pistola en la funda. Los dos hombres, al fin podían verse bien, uno era un joven, el supuesto talento de la tierra qué habían enviado para dirigir la tropa de la nave, un tal Cobby, un sujeto de aspecto humilde, pero con una verborrea tan sucia cómo sus dientes, y su bigotillo tan pulido. Le desagradaba a la co-piloto, aunque no quería en poner en duda su capacidad de lucha. El otro era uno qué sólo había visto en el comedor, un arrogante soldado qué iba a todos lados a donde fuera Cobby, siempre los dos riendo por estupideces tan poco claras, cómo coherentes. Este sabía nuestra Co-piloto se llamaba Bill Taylor Baker, y era el sargento del pelotón número diez y qué habían puesto dos naves Longsword a su mando, algo raro para un simple Sargento.

Nos están siguiendo.

Exclamó el capitán, no faltó aquél que empezara a moverse nerviosamente mientras regresaba a su monitor, pero el general giraba su vista hacía estos obligándoles a detenerse.

El grupo de Longswords del grupo de Bill ha detectado un crucero Covenant, acompañado de dos cruceros ligeros, y varias Banshees.

Nuestra co-piloto tragó saliba, y metió sus labios hacía su boca, sus dedos sobre sus piernas comenzaron a brincar de arriba a abajo, y sus tobillos estaban incontrolables, giró a ver a su compañera, la cual parecía absorbida, pálida.

No hay qué temer, lo hemos hecho en las simulaciones, los Longsword entendrán a las Banshees, mientras las fragatas con fuego directo atacarán con todo al crucero mayor, nosotros usaremos el MAC de aquí para derribar a los dos pequeños, y a las torretas de alto calibre para defendernos de las Banshees. Adelphos.

Exclamó aquel nombre, apareciendo de repente en un pilar incompleto a mitad de la sala una especie de holograma de color morado, con lo qué parecía era un hombre desnudo de ondulado cabello peinado hacía atrás, de figura atlética, y un rostro sumamente fuerte, de facciones claras e imponentes.

Usa las cabezas nucleares para debilitar los escudos de las naves y así derribarlas de un sólo tiro de cada cañón MAC de las fragatas, tenemos qué evitar qué entren a la nave.

Si me permite decirlo señor, ellos ya están en las naves.

Aquél holograma había hablado en un tono burlón, desapareciendo de inmediato entre la nada. El general impuso aún más su entrecejo hacía si mismo, y creano una mueca torcida, no le agradaban del todo aquellas inteligencias artificales.

Fue entonces cuando ocurrió, hubo un pequeño temblor en la nave, algo había impactado. Uno de los oficiales pilotos giró su cuerpo a ver el monitor de su ordenador. Indicaba qué habían entrado por medio de una nave de abordaje a la zona de control de motores. El general también lo había visto ya, y no pudo sentir algo de coraje.

¡¡Kelly, de inmediato apague los motores o si no esto va a estallar!!

Ordenó el general apuntando con su dedo a nuestra co-piloto, la cual sin titubear dijo "señor, si señor" girando su silla hacía su ordenador, y empezar a teclear con toda la velocidad del mundo.

Ustedes dos, vayan a defender la nave. Formen un perimetro al rededor de la sala del motor, no van a robar ni adquirir nada.

Señor.

Dijo otro oficial, con un rostro preocupado, señalando el cristal por donde se podía observar hacía donde se iba. El general quedó impactado.

Lt. Julissa Bennet
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